Quiero ser antropólogo

QUIERO SER ANTROPÓLOGO

Quiero ser antropólogo pero se termina el año y aún me queda mucho camino que recorrer.

Ya mismo se acaba el año y algunas tenemos la costumbre en la era de la modernidad de fijar objetivos por el cierre del ciclo hacia uno nuevo. Maldito calendario, ¿quién lo inventaría?

Me entristece que mis objetivos con la antropología en el 2018 sigan el mismo curso que en el 2017, vamos que sigo sin retomar los estudios de antropología, parece que ya no quiero ser antropólogo.

El otro día por Instagram me llegó un mensaje de una persona que también está estudiando antropología agradeciéndome que escriba en el blog porque se ha sentido muy identificado con lo que escribía.

Me dijo que quería compartir conmigo la experiencia de estudiante. Le respondí que estaba muy desligado de la antropología ya que por no estudiarla y dedicarme a otros quehaceres la dejé de lado, un guiño a mi querida antropología de nos vemos más adelante, porque yo quiero ser antropólogo.

Las que habéis seguido la estela de publicaciones en el blog sabéis que me tomé un año sabático antropológico que hizo que me replanteara si realmente quiero ser antropólogo.

¿QUIERO SER ANTROPÓLOGO DESPUÉS DEL AÑO SABÁTICO?

Deciros que voy por el segundo año sabático.

Sabático me refiero a que dejé de estudiar en la universidad.

Por eso es el blog de El Antropólogo Principiante, porque empecé a escribir en él mientras se producía un impacto mental en mí cabeza que era causado por estudiar antropología, era tal que tenía que compartirlo con otras personas.

Compartir mis experiencias como estudiante y como antropólogo principiante fue todo un descubrimiento para mí.

Muchas personas se sentían identificadas con lo que escribía, unas emociones y sentimientos que se compartían desde cualquier parte del mundo, porque como sabemos internet es global.

Cuando empecé a escribir en este blog, lo hacía por puro hobby.

Con el blog he aprendido muchísimo sobre el mundo digital, es más, ahora estoy intentando emprender en lo digital ayudando a personas a que gestionen su “capital digital”, aunque no me gusta mucho esta palabra y Black Mirror me encanta.

Es por ello que la curiosidad del mundo digital me despegó y alejó de los estudios de antropología por centrarme en estudios de comunicación digital.

Cuando me cogí el año sabático me propuse que solo sería un año.

Cuando pasó el año pensé en estudiar de nuevo, aunque fuera dos o tres asignaturas para mantener el ritmo de estudio y no enfriarme.

La realidad es que me he enfriado tanto que no sé cuándo retomaré la antropología.

Ahora mis sueños de convertirme en un gran Pierre Bordieu, o en un Levi-Strauss se han ido al carajo.

Sí, tenía ese sueño.

Cuando leía sobre teorías y lo que descubrieron grandes figuras del panorama intelectual, esos señores y señoras que tenemos que estudiar, pensé que quería ser como ellos, que quería descubrir alguna teoría y que la gente me recordara por aquello.

Bajé del cielo a la tierra cuando tomé consciencia de quien era, qué hacía y del tiempo que disponía para poder descubrir alguna teoría que pasara a la historia.

TOMAR CONSCIENCIA DE UNO MISMO.

La realidad era bien distinta.

Cuando cursé la asignatura de sociología, una asignatura común que tenía en el programa de estudio, el libro se titulaba estratificación social, y en él aparecía un cuadro que según tu trabajo, tus estudios e ingresos económicos pertenecías a una escala social u otra.

Según el cuadro, hice un repaso a mi historia en la escala social.

Me di cuenta de que procedía de una clase social de trabajadores no cualificados, mi familia, clase obrera de pura cepa. Una generación anterior a la mía en la que estudiar en la universidad era para ricos.

En el proceso de “democratización” en España, mi generación ya podía acceder a la universidad, lo que producía un ascenso en la escala social de la que procedían los padres. Eso hizo que yo pudiera ascender a una clase social más elevada que la de mi generación anterior.

Esta tabla me dio que pensar a la hora de querer seguir siendo un gran antropólogo.

¿Cómo iba yo a ser un gran antropólogo que pasara a la historia sin ni siquiera sabía escribir?

YA NO QUIERO SER ANTROPÓLOGO. ADIÓS AL SUEÑO DE PASAR A LA HISTORIA

Cuando comencé a estudiar la asignatura de Etnografía y trabajo de campo, mi trabajo lo hice sobre relaciones sexuales en el espacio público.

En mi primer acercamiento pensé, de esto han hablado muy poco y seguro que puedo hacer un trabajo bonito porque nadie antes había estudiado este tipo de actos culturales relacionados con el sexo en el espacio público.

Para mi sorpresa había mucho escrito de ello y no por ello dejé de dejar el trabajo de lado sino que me di cuenta de que podía aportar otra visión, otra forma de observar lo que ocurría diferente a la que los que ya habían estado en el mismo sitio que yo. Lo dejé por escrito en Academia Edu una plataforma en la que cuelgan cositas muy interesantes.

El caso es que tomé consciencia de mí mismo y pensé que no, que yo no podía llegar a ser un gran antropólogo, que nunca pasaría a la historia y no me recordarían por la decenas de libros que escribiría.

La ambición de pasar a la historia no era lo que me movía para seguir estudiando, sino el hecho de poder descubrir una ciencia, de todas las que hay, la que más me apasiona.

Es un orgasmo peculiar lo que me produce leer una buena etnografía, un libro de antropología o un artículo relacionado con esta ciencia.

Es una arte, la antropología es un arte de escritura, un jeroglífico lleno de palabras que describen hasta el más mínimo detalle lo que sucede en un espacio tiempo en el que las personas interactúan con sus reglas culturales, morales y de comportamiento.

Sí, soy un enamorado de la antropología y sé que no voy a llegar a ser un gran antropólogo.

 

¿SI PUDIERAS VOLVER ATRÁS QUE HARÍAS EN TU VIDA?

Esta pregunta me la he planteado alguna que otra vez y lo tengo claro. Si pudiera volver atrás estudiaría antropología.

Yo conocí esta ciencia hace cinco años, por aquella época tenía 26 años, pero no fue hasta los 28 cuando decidí estudiar antropología en la universidad.

¿Llegaba tarde para ser un buen antropólogo y poder dedicarme a la antropología?

Obviamente no, con 28 años te comes el mundo, con 62 también y con 84 también, si te lo planteas.

Lo que quiero decir es que si pudiera volver atrás, habría estudiado antropología sí o sí, pero no de la forma en la que la estudio con 28.

TRABAJAR Y ESTUDIAR, UNA LOCURA.

Con 28 años me matriculé por primera vez en antropología.

A esa edad ya estaba currando, con un trabajo de esos que llaman fijos de los que no te pueden largar, había conseguido un trabajo estable en el que podía compaginar los estudios.

Cuatro años duró mi época de currante y estudiante a la vez. Y es una locura por eso me dio por escribir consejos para estudiantes en la Uned. 

Durante cuatro años me dediqué a estudiar antropología y a compaginar los estudios con el trabajo.

Cuando curras, es difícil sacar tiempo para estudiar y matricularte de todo un curso académico con lo que tenía que ir matriculándome de las asignaturas poco a poco para no agobiarme.

El resultado de aquel periodo fue cuatro años del trabajo a la biblioteca.

Mis relaciones sociales se enfriaron porque parecía un loco en el laboratorio de las ciencias sociales intentando aprobar exámenes a punta pala para lograr el título que me diga que soy antropólogo.

Es ahí cuando hice clic.

Si en cuatro años me había sacado dos cursos académicos, la cuenta siguiente sería estudiar cuatro años más para terminar los estudios de antropología. Ocho años en sacarme la carrera universitaria.

Me quedaban cuatro años más de trabajo y biblioteca. Si le añades que lo que iba aprendiendo con la antropología me causaba un impacto emocional, de ver el mundo, las relaciones sociales que me rodean y de un análisis constante de lo que pasaba por mis ojos daba como resultado un abandono seguro.

No me quedaba otra, tengo que comer y cubrir mis necesidades.

No tengo a mamá y a papá que me puedan cubrir mis necesidades, pagarme un máster y estar viviendo del bote del hogar.

Yo era ya independiente e incluso me planteé dejar el trabajo para volver al hogar familiar, que me costearán la carrera y poder dedicarme a la antropología.

Volvemos a la clase social y al porqué según en la escala en la que hayas nacido te costará llegar a pasar a la historia.

¿CÓMO INFLUYE MI ESTATUS SOCIAL EN MIS ESTUDIOS DE ANTROPOLOGÍA?

Ha llegado la reflexión final de este artículo.

Si mi familia estuviera en una escala social más elevada, seguramente no tendría problema en qué me costearán los estudios, me pagaran el máster y viviera del cuento hasta los cuarenta años.

Como procedo de una familia obrera no me puedo permitir decirle a mamá y papá que me sigan costeando los estudios, pasándome la manutención a mis 33 años mientras yo decido ser un gran antropólogo.

Clase obrera, educación pública, sistema de desigualdades y ganas de pasar a la historia son un resultado que se me ha quitado de la cabeza.

Poder llegar a ser un gran antropólogo es un sueño que se desvanece poco a poco, pero sigo queriendo ser antropólogo.

Pies en la tierra, ganas de seguir aprendiendo e intentando llegar algún día , por lo menos me queda este blog para desahogarme, gracias por escucharme.

MIS OBJETIVOS ANTROPOLÓGICOS PARA EL 2018

Obviamente este año no curso antropología. De hecho he dejado mi trabajo estable para tomarme otro año sabático pero esta vez motivado por otros quehaceres.

Como siga dejando cosas al final acabaré como el de “Rutas salvajes” os recomiendo esta película que ganas me sobran de hacer lo que hizo este chaval.

Como estoy disfrutando de año sabático para el 2018 me planteé en coger alguna asignatura, pero no, de momento los estudios reglados de antropología seguirán en el cajón de cosas pendientes que hacer.

Uno de mis objetivos en el año 2018 es conocer nuevos caminos que la antropología me pueda aportar.

Si consigo averiguar qué caminos puedo descubrir en los que una vez termine el grado pueda vivir de la antropología tal vez retome los estudios.

No quiero estar sacrificando un tiempo de oro estudiando antropología para que luego el título se quede guardado en el cajón o para que después tenga que estudiar dos años más un máster.

Me gustaría conocer a antropólogos que se dediquen profesionalmente a la antropología y que me cuenten como han conseguido llegar hasta ahí, ya estén en la academia currando o fuera de ella.

Me gustaría escribir más en el blog, ¿de qué? Pues no lo sé aún pero de momento le daré al coco para ver qué cosas puedo escribir sobre la antropología.

Un gran abrazo y que tengáis unas bonitas y felices navidades, eso sí, no consumáis mucho que de verdad, no hacen falta tantos regalos y recordar la teoría del don y el contradon de nuestro querido Mauss.

 

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