LA EDUCACIÓN ACADÉMICA SÓLO TIENE OBJETIVOS MERCANTILES

¡Estudia!

Dicen las madres y/o padres a sus hijos/as.

Ese mensaje ¡Estudia!, que simplemente a priori parece una palabra, tiene un contenido mucho más extenso del que pensamos cuando todavía somos unos adolescentes, o quizás no tanto cuando en el periodo de estudios obligatorio no hemos cumplido la misión.

Porque no todos/as los estudiantes lo son cuando alcanzan cierta edad, o deciden emprenderse prematuramente en el mundo laboral. Un mundo laberíntico que sólo conocen los verdaderos observadores/as que buscan la realidad social y son exigentes consigo mismos, una vez pasado un tiempo y te llevas un palo tras otro; y hay también quienes no aprenden en su vida, quizás esto último pueda ser algo más que lamentable.

Quizás algunos/as antropólogos/as sean más propensos a cuestionarse cada segundo o acontecimiento que suceda en un momento de su vida, lejos o cerca de la experiencia que puedan tener, se empiezan a hacer un planteamiento crítico de cómo se construye la realidad. Por eso la observación participante es lo que más puede hacer un antropólogo/a para aprender del mundo que nos rodea y del periodo de vida que le ha tocado vivir.

Así que, por un instante observemos el panorama laboral una vez que cualquier estudiante termina sus estudios, y motivadamente empieza a echar esos documentos que recogen su escasa o abundante vida laboral, lo que llamamos “currículum vitae”.

Y para eso existen cientos, miles y muchas más personas expertas que se dedican a instruir, aconsejar, orientar o dirigir a estos jóvenes estudiantes, o quizás no tan jóvenes, y que necesitan un asesoramiento para empezar a emprenderse en un mundo de cristal que el ser humano ha creado, porque a pesar de que la gente pueda mirar más allá a través de la ilusoria, los límites ya están predeterminados.

En un principio, la aventura de buscar trabajo consistía en ir al lugar que encajaba con nuestro perfil y entregar currículum. Se iba al sitio elegido, se presentaba a la primera persona que trabajaba en el lugar, y se le entregaba el currículum en mano (metido en una funda de plástico para su mejor presentación).

Más tarde los profesionales de la orientación laboral, recomendaron que había que hacerlo personalmente al director, encargado, dueño, responsable, etc., del establecimiento; se decía que los mismos empleados/as lo tiraban a la papelera porque el perfil del posible candidato podría arrebatarle su puesto.

Y por otra parte, porque era más personal hacerlo en mano a alguien de la empresa, con el fin de que conociera al demandante físicamente, y no sólo a través de un papel con una fotografía pegada (aunque últimamente se escaneaba y los píxeles hacia distorsionar la imagen personal).

Las nuevas tecnologías y la información digital, dieron paso a un nuevo mecanismo de entrega de currículum, que se trataba de los correos electrónicos, algo más innovador, y donde el empresario, director, encargado/a de la entrevista, sopesaría que al emplear un medio tecnológico para la entrega del documento, estaría ante un perfil con actitudes intelectuales más aventajadas de quienes lo entregaban en mano.

Pero esto pasó a quedarse rápidamente más obsoleto que el papel, con la llegada del nuevo sistema de registro de perfiles de los demandantes en un espacio virtual a modo de anuncio. Entonces el solicitante a un puesto de trabajo se anunciaba registrando su perfil, y es el contratista quien busca, selecciona y se pone en contacto con el demandante.

Así surge una nueva ventana virtual para buscar trabajo sin salir de casa, sin apenas tener contacto visual ni físicamente, porque una fotografía de registro, es casi suficiente para que el empresario elija. Se puede decir que somos como cualquier producto que se anuncia en un medio de comunicación.

Pero nuestro producto tiene que ser el mejor, sin ninguna duda. De esta manera, existen perfiles de “anunciantes” que presentan un currículum académico desorbitadamente intelectual. Con más o menos experiencia laboral, pero quizás con menos para los estudios académicos que ha adquirido, porque es muy difícil acabar una carrera universitaria o formación de cualquier tipo, y empezar a poner en práctica los conocimientos.

Normalmente, y esto está corroborado con más de quinientas personas en un periodo de tiempo de tres meses (fuentes propias del autor), sólo un 24% ejerce la profesión de lo que ha estudiado. Y del resto, hay un caso que resalta. El de una chica licenciada en psicología, terminando una tesis doctoral y trabajando en un restaurante de comida rápida.

Lo sorprendente es que no es feliz, y dice encontrarse cada día más desilusionada con el panorama social; a pesar de que conoce los parámetros de la psicología, necesita terapia constantemente para salir de su estancamiento, del que todavía no ve claridad. Aunque afirma que cada día está más concienciada de que el cambio laboral está más lejos que cuando estudiaba, y que tiene que agradecer que al menos tiene trabajo.

También es interesante destacar la cantidad de jóvenes y no tan jóvenes que se van al extranjero a trabajar, y así de paso aprender un idioma. Durante la estancia en el extranjero, que suele oscilar entre dos y tres años la media, como es el caso de los emigrantes españoles, que se dedican a trabajar en el mercado del sector primario y secundario, y en muy pocas ocasiones lo hacen en el sector terciario. Porque este último sector está más limitado a los extranjeros españoles, exceptuando aquellas salidas universitarias de ciencias, que suelen tener mejor aceptación laboral fuera de España, y en muchas ocasiones mejor retribuidas.

Al final nos queda una suma y una multiplicación, que se convierte en una recta y en una división. Estudia, estudia y estudia, busca trabajo aunque sea de algo que no tenga nada que ver con tus estudios, y después aguanta, aguanta y aguanta. Lo que te queda es que has trabajado, sí, pero por detrás llegan las nuevas generaciones estudiantiles con una preparación más exigente a los tiempos que emergen en un mundo laboral que vertiginosamente va por delante del tiempo, y para los contratantes el mejor perfil que puedan fichar. Si en un tiempo no se consigue trabajar de lo que estudiaste, es una señal que habría que empezar a plantearse si ese camino es el correcto, o no.

En los último tiempos, el mundo capital ha hecho que el ser humano sea una mera mercancía, que su vida personal gire en torno al mundo laboral, y que la felicidad sea cosa de unos cuantos amargados que no han experimentado la experiencia de ser un siervo del capital. Convéncete a ti mismo/a y que no se ocurra ignorar.

Andrés López, es antropólogo. (Un gran antropólogo 😉 )

Gracias Andrés, una vez más un placer leer tus textos. 🙂

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7 comentarios sobre “LA EDUCACIÓN ACADÉMICA SÓLO TIENE OBJETIVOS MERCANTILES

  1. Patricia Contestar

    El título fue “la educación académica solo tiene objetivos mercantiles”… viéndolo de otro modo, demonos cuenta de que la preparación para cualquier profesión u oficio tiene -por su propia naturaleza- dichos objetivos; ¿por qué? por la sencilla razón de que aprendemos, estudiamos y/o nos profesionalizamos en algo precisamente para ganarnos la vida, para trabajar y traer el pan a nuestro hogar… La diferencia en la elección de cada uno será la vocación, el interés personal, las posibilidades individuales de que nos vaya mejor con tal oficio o con tal otro, en fin. La educación académica tiene, sí, estos objetivos, pero también buscamos en ella una preparación personal en algo, el saciar la sed de determinados conocimientos, el calmar un espíritu inquieto por tal o cual temática o problemática, y, lo más “terrenal” o pragmático de lo que esto se trata, y que es simple y sencillamente; si hay que trabajar de todos modos, pues, que sea en algo que me guste y para lo cual me he preparado. Y si no lo consigo de inmediato, pues tener paciencia y no perder la fe en que tarde o temprano lo voy a lograr.

  2. Carlos Fernand Contestar

    Me parece un tanto generalista, habría que focalizar más los puntos de interés y no contar cómo si fuese una verdad verdadera para todo el mundo

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