Voces nativas o puntos de vista: Unidades de análisis para una etnografía crítica

Su manera de no entenderme no era la misma
que tenía yo de no entenderlos
Roy Wagner

En las siguientes notas espero mostrar algunos aspectos que los estudios de corte etnográfico han mostrado a lo largo de los años. Mi herramienta de análisis encuentra soporte en las historias orales porque en ellas encuentro los “declives” que presenta el estudioso de lo social. Trataré de argumentar que como técnica de investigación, las historias orales –aquellas que reflejan la memoria histórica de las comunidades– son simples elaboraciones de quien las narra o de quien las escribe, ya que en ellas hay cabida para visiones del futuro, denuncias sociales o peticiones y reclamos.

En sus historias el capitalismo se convierte en el máximo destructor del territorio, su gente y sus identidades. Esto no debe seguir así, si se enaltece este modelo no la pasaremos dándole la voz al sujeto de estudio, sin evidenciar a quien hace el escrito.
Me pregunto: ¿a dónde queda el científico social?, ¿cuáles son sus aportes?, ¿en realidad presenta un trabajo propio de las ciencia sociales? o ¿sólo es un sujeto que se dedica a repetir lo que sus informante le dicen?
Estas incógnitas se convierten en las aristas de estos apuntes. Iré de lo que se concibe como historia oral a los escritos que hacen uso de esta técnica, al leer estas investigaciones, parece que sus autores malentienden las propuestas del máximo etnógrafo de la antropología moderna: Bronislaw Malinowski. Estoy de acuerdo en dar voz a nuestros sujetos de estudio, a valorizar sus variadas perspectivas o a conocer su antropología pero haciendo uso de la triada, sin excluir un solo campo: teoría, metodología y crítica. Venida del sujeto de estudio y del estudioso de esos datos.
A grandes rasgos, la historia oral es la técnica de investigación que rescatar la voz de los sectores sociales que han sido excluidos o marginados por la misma sociedad, es decir que por medio de entrevistas el científico social intenta adentrarse a los recuerdos o ideas de sus entrevistados.
La memoria oral permite al investigador reconstruir los sucesos que un grupo o comunidad vive o vivió en algún momento de su vida. A través de la recuperación de distintas perspectivas que hasta ese momento han sido desconocidas, gracias a ellas se pueden interpretar los cambios colectivos, las acciones y los sentidos de lo que dicen y no dicen los sujetos de estudio.
La historia oral es la que le brinda voz a los que nunca la han tenido. Para encontrar aquéllas voces, el investigador debe tener contacto con los sujetos que conocen las historias sólo así podrá reconstruir los quehaceres y saberes de la comunidad.
Queda claro que el contacto no es cualquier cosa, no son meras relaciones sociales, implica la permanencia frecuente del interesado para después emprender su trabajo de campo. La presencia del científico social en los espacios que se pretenden estudiar remite a la participación que de manera abierta o encubierta tiene el investigador en la cotidianeidad de las personas. A lo largo de un periodo prolongado observa lo que sucede, escucha a la gente, les hace preguntas o recopila datos que lo puedan llevar a encontrar posibles repuestas a las incógnitas que se concentran en su investigación.
De esta forma se pueden obtener las memorias de los sujetos, y aquí lo que intento evidenciar: al reconstruir por medio de una conversación las historias que no han sido contadas, me surge una pregunta, ¿cómo se obtiene la información?
Desde mi perspectiva es el entrevistador quien se encarga de guiar los discursos que se puedan dar, porque en realidad, su presencia pone obstáculos a las ideas e interpretaciones que externan los sujetos de estudio. Éstos no hablan por si mismos pues el control de sus discursos se encuentra en manos de quien intenta obtener la información. Éste es uno de los problemas que enfrenta, no la historia oral, sino quien la utiliza como técnica para redactar sus estudios, como fuente de información se tiende a guiar de acuerdo a los intereses del científico social que interpreta lo que dicen sus informantes. Parece que se controlan los discursos de acuerdo a sus necesidades o utiliza la ocasión para sacar frustraciones, deseos o maldiciones que llegaron a perjudicar lo que se hacía en la comunidad.
Pero el problema se agrava, no solo hay quiebres en los discursos obtenidos sino que al momento de describir, analizar y ante todo argumentar, el investigador sigue con esas visiones que según él vienen de sus informantes porque al enfrentarse a lo hoja en blanco redacta un escrito, pero no un trabajo propio de las ciencias sociales, sino que presenta experiencias en campo, ayudas comunitarias o peor aún descripciones escuetas que pasan como escritos etnográficos que sólo muestran transcripciones de las historias que cuenta la gente. Ideas guiadas por los destrozos que el capitalismo trajo a las comunidades.
El uso de historias orales se ha encapsulado en la manera en que es reflejada en los escritos de quienes las utilizan. Escritos que navegan como etnográficos porque aseguran que le brindan voz a los no escuchados. Una voz distorsionada, siempre mal interpretada. Si se le quisiera dar su lugar al informante, si se evidenciaran sus teorías y sus antropologías, antes de escribir un tratado, el científico social debería de regresar a leer al antropólogo que nos brindó las directrices del método etnográfico: Bronislaw Malinowski. Porque no es casualidad que Los Argonautas del Pacífico Occidental, su obra máxima, se haya convertido en un verdadero clásico.
Críticas a Malinowski hay muchas pero sus propuestas que valen la pena. Para este antropólogo, el investigador debe distinguir entre las narraciones de los informantes, sus observaciones y las ideas que desde lo observado pueden llevar a la evidencia de un análisis teórico, incluso crítico. Malinowski no esta de acuerdo con que el científico social presente un estudio en donde se encuentre mera retacería de lo que dicen los sujetos de estudio, pues de que sirve obtener información que sea el resultado de preguntas y respuestas que seguramente dan cuenta del deber ser y no de lo que sucede en el mundo de quienes vivieron esas historias.
Generalicemos la idea, “los hechos recabados aisladamente no tienen ninguna validez y terminan por dar una imagen del nativo completamente distorsionada, sensacionalista y equivocada” (Payá, 2006: 388).
Por insólito que parezca estudios que le hacen honor a lo anterior hay muchos, pero por cuestiones de espacio presentaré un par, son los que tengo a la mano, utilizan las historias orales para darle forma al escrito.
Iniciemos con las Crónicas de los pueblos originarios, libro publicado en 2008 por la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM), el material presenta las voces de los intelectuales que habitan esos pueblos. Es decir, los que recolectan información y escriben sobre lo que pasó y lo que pasa en su comunidad. Me encontré con varios fragmentos que hacen alusión a lo que líneas arriba decía, uno de ellos proviene del artículo de Luis Fernando Nazario quien asegura que a través de la información oral, obtenida en San Lorenzo Tezonco, se tiene memoria que los habitantes participaron en la Revolución Mexicana a raíz de que un hacendado le quitó sus tierras, por eso deciden unirse a las tropas del general Emiliano Zapata.

Esto suena interesante pero ¿qué viene después de la unión que el pueblo hace con el ejército zapatista?, ¿cómo repercute en el pueblo de San Lorenzo? No hay alusión a ello. El autor ahora se concentra en asegurar la pertinencia del acontecimiento porque el pueblo posee material fotográfico y que un originario del pueblo participó en la revolución y no hay más. Se presentan datos, pero no se describen ni mucho menos se analizan desde lo que el pueblo nos dice, sí es importante saber que hubo un revolucionario en el pueblo pero para que se menciona si no se conoce más. No todo queda ahí, en el manuscrito también se encuentra la ocasión para hacer denuncias sociales y maldecir al capitalismo. Aquí la transcripción de un fragmento que hace alusión a ello:

En San Lorenzo Tezonco atravesamos por una crisis de nuestras tradiciones y está en nosotros, sus habitantes, luchar y no dejarlas perder. Pero tenemos un problema enorme: al encontrarnos en la delegación de Iztapalapa, la cual es la delegación con más problemas de inseguridad, con más problemas de falta de agua, la delegación más poblada, y al acercarnos a sus autoridades para solicitar apoyo, nos contestan que no tienen presupuesto para este tipo de actividades […] Cuando estábamos realizando la investigación histórica fotográfica […] nos acercamos a la delegación para solicitar apoyo para montar la primera exposición que se realizaría en el pueblo. Nos prometieron algunas mamparas, pero cuando llegó el “apoyo” no eran más que unas cuantas tablas viejas y podridas, y realmente […] nos daba pena montar la exposición en esa basura […] nos prometieron que nos iban ayudar pero nunca llegó nada […] En las delegaciones vecinas […] vemos con envidia como las autoridades los apoyan tanto económica como logísticamente para conservar sus costumbres y tradiciones. Es la mala fortuna de estar en la delegación más problemática del Distrito Federal (Nazario, 2008: 63-64).

El trabajo etnográfico que busca enaltecer la voz de los sujetos de estudio, por qué se hace alusión a las frustraciones. A esto me refiero, se utilizan los discursos orales para armar las desgracias de la comunidad, lo peor es que se escriba y se presenta como un trabajo propio de las ciencias sociales.

Ahora pasemos a uno más que desde el título hace honor a las historias orales: Historia oral de los barrios y pueblos de Coyoacán también publicado en 2008 por el grupo de cronistas de la Ciudad de México.
A través la oralidad se presenta las añoranzas de sus habitantes, mitos, leyendas, tradiciones e identidades. Todo quedándose en eso, en el puro orgullo de ser coyoacanense porque una vez más hay fragmentos aislados que buscan dar voz a los sujetos de estudio pero no está la presencia del que se dice científico social, menos la valorización de quienes protagonizan las voces: ¿dónde están sus aportes, su mirada crítica? Sólo se hace alusión en un capítulo muy corto, a algunos datos históricos para después describir el pueblo y dar evidencia de los recuerdos de los informantes. Postrémonos en el apartado dedicado al pueblo de Los Reyes Huichilac. Se van presentando relatos pero el científico sólo queda como presentador; tomemos un fragmento que hace alusión a ello, en donde el investigador nos dice lo siguiente: “Para completar esta riqueza natural y cultural de la cual gozaba el pueblo de Los Reyes, persiste la riqueza espiritual de la gente como lo indican los recuerdos de la señora Rosa María Flores Lozada o de don Luis Suárez” (2003: 59).
Después de estas líneas se presentan los relatos y así concluye el texto. Uno vez más me pregunto: esto ¿de qué nos sirve?, sólo son descripciones escuetas que ni a etnográficas llegan.
Como científicos sociales tenemos que tener ojo crítico y empezar hacer trabajos etnográficos que se inclinen a ello. Sin menospreciar las antropologías, los saberes y quehaceres de los informantes, valoremos y demos crédito a sus perspectivas como los integrantes de las comunidades lo merecen.
No estoy en contra de quien utiliza la historia oral para sustentar sus investigaciones, sino de los que se dicen científicos sociales pero malentienden la técnica. No estoy de acuerdo con quienes presentan manuscritos que dan voz al sujeto de estudio de una manera retóricamente convincente, en donde el rol del investigador se aproxima al del abogado defensor o al del cronista que transcribe lo que otros dicen o lo que él cree que dicen.
Obviamente quienes hacemos trabajo de campo no tenemos esos papeles pero parece que algunos investigadores se empeñan en tomarlos, pues navegan es sus espacios de investigación a través de la ayuda comunitaria buscando a los marginados o presentando los destrozos que ha traído la historia de nuestro tiempo.
La pregunta es ¿por qué seguir con la producción de investigaciones que no reconocen la pertinencia de los sujetos de estudio, no acreditan sus teorías y sus antropologías? No sólo miremos a quién dice las cosas, comprendámoslas, para después mirar a quien las analiza y las escribe. Así podremos esclarecer intereses, razones y dogmas que están detrás de las producciones etnográficas, aquellas que deben reformularse. En ellas se debe dar cuenta de las fragmentaciones que se dan en el colectivo, de sus nuevas reformulaciones identitarias o de la pluralidad de identidades que albergan en un mismo territorio pero conservan un accionar distinto.

Bien lo diría Clifford Geertz “al etnógrafo no se le cree por la precisión y extensión de sus descripciones, sino por su solidez como autor” (1988: 4).

Bibliografía
Consejo de la Crónica de la Ciudad de México (2003), Historia oral de los barrios y pueblos de Coyoacán, México: GDF / Delegación Coyoacán / DGC.
Geertz, Clifford (1988), Works and Lives. The Antropologist as Author, Stanford: Stanford University Press.
Nazario Cruz, Luis Fernando (2008), “San Lorenzo Tezonco, herederos de promesas”, en Crónicas de los pueblos originarios, México: UACM, pp. 51-64.
Payá, Víctor (2006), “Aproximaciones teórico-metodológicas al objeto de investigación: el investigador y el problema de la implicación”, en Vida y muerte en la cárcel. Estudios sobre la situación institucional de los prisioneros, México: Plaza y Valdés, pp. 385-417.

Este texto ha sido escrito por Héctor Adrían Reyes García. 

Gracias 🙂

 

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