EL MUNDO NECESITA ANTROPÓLOGAS

EL MUNDO NECESITA ANTROPÓLOGAS

El Mundo Necesita Antropólogas y más ahora que nunca tras la crisis que viene por la Covid-19

¡Qué guay! ¡Qué recuerdos!

Muchas veces pienso, ¿Por qué no cierro de una vez este blog si ya no escribo en él?

Ya no tiene mucho sentido llamarme Antropólogo Principiante porque ni soy principiante, ni antropólogo, ni nada relacionado con el mundo de la antropología.

Siempre he sido muy radical, y soy de los que lo da todo o nada.

Me pasó esto con la antropología, en mis primeros años de estudiante lo di todo, me obsesioné con la antropología, con este blog, con estudiar, aprender, leer, ser el mejor antropólogo del mundo…

Este chispazo me duró, creo que cinco años, porque tiré la toalla y dije, “voy a darme un respiro”, y ese respiro ya va por unos malditos cuatro años.

Cuatro putos años que no leo ni un libro de antropología, ahora mis libros cogen polvo en la estantería, unos libros que devoraba, disfrutaba y me fascinaban.

Cuando limpio el polvo los miro, los abro, los ojeo, y me acuerdo de aquella ilusión que perdí por ser antropólogo.

¡Joder que mierda! No tuve que parar mis estudios.

¿PORQUÉ SIGO CON EL BLOG DE ANTROPOLOGÍA ABIERTO?

De algún modo y cada mucho tiempo entro en el blog que abandoné.

Me sorprende mucho que después de tanto tiempo la gente siga entrando, y lo que más me sorprende, es que la gente aún sigue comentando.

Mis tareas en el blog son entrar cada dos meses y contestar los comentarios tan bonitos que dejáis.

Dejé de escribir en este blog en Diciembre del 2018.

La última entrada que escribí para ver si me animaba de nuevo fue en enero de 2019, pero no me animé a seguir escribiendo.

En total he escrito 155 artículos, ¡joder me sorprendo hasta yo mismo! Es lo que te decía, que me obsesioné y lo di todo.

Han sido artículos de mierda, otros de ayuda, otros que no tienen ningún sentido y otros que les puse todo el corazón en ellos.

No cierro este blog porque de algún modo me mantiene, aunque sea un poquito, conectado con la antropología.

Sigue entrando mucha gente al blog que busca consejos para estudiar antropología y mola ver como hay gente que se anima a estudiar antropología tras leer algunos artículos del blog.

Y como el mundo necesita antropólogos, pues este blog de algún modo anima a la gente a estudiar antropología.

Mira, ahora me siento bien, sirvo de algo, aunque sea poquito para seguir sumando antropólogas al mundo.

TIEMPOS DE CORONAVIRUS, TIEMPOS DE REFLEXIÓN

Menuda época que nos está tocando vivir con esto del coronavirus.

En la cuarentena te planteas muchas cosas, entre ellas, me planteo si volver a estudiar antropología.

El otro día, dije, “voy a entrar al Twitter, que hace un año que no entro”.

Hice una publicación…

Monika me contestó al twet y automáticamente me acordé de aquellos hilos de conversación que teníamos en los grupos de Facebook, de aquellos comentarios que dejó Monika en el blog, de aquellos coloquios que hacíamos entorno a la antropología.

A Monika no la conozco personalmente, en verdad a ninguna de las lectoras de este blog he tenido el placer de conocerlas, pero sí,  de estar y entablar alguna conexión virtual a través de las palabras escritas.

Me ha alegrado ver como Monika está preparando ya su TGF!!! Joder, si yo hubiera seguido estudiando tal vez ya estaría también con el TFG y me alegra ver como mi compañera de estudios ha escrito dos libros que puedes ver en su web.

Me alegro de ver como compañeros de uni, ya están terminando el grado o ya lo han terminado. ¡Qué guay!

Me entristece pensar que yo lo abandoné, dejé la antropología a un lado para seguir otro camino.

Gracias Monika, porque este post me he animado a escribirlo al ver tu Twet y me planteo un domingo 10 de mayo de 2020 algunas cuestiones.

¿VOLVER A LA ANTROPOLOGÍA EN LA CUARENTENA?

En esta cuarentena me he planteado volver a retomar los estudios de antropología, aunque sea una o dos asignaturas por semestre.

Aún me lo estoy planteando.

Dejé de estudiar antropología porque me agobié de exámenes y de estudiar y trabajar a la vez.

Mi vida en aquella época consistía en trabajar, estudiar y escribir en el blog.

Nunca lo he dicho, pero en mi vida de estudiante trabajaba como funcionario también.

Sí, un trabajo estable, de sueldo fijo que no te falta a final de mes, de dos pagas al año, asuntos propios y una estabilidad económica que me permitía estudiar con tranquilidad la antropología.

Me daba estabilidad económica pero me producía una inestabilidad emocional de la hostia. No me sentía bien con lo que hacía.

Un trabajo, que al estudiar antropología hizo que me replanteara muchísimas cosas de si realmente quería seguir dedicándome a eso o apostar por la antropología.

Al trabajar como funcionario tenía la opción de compatibilizar bien los estudios de antropología.

La antropología hizo que empezara a no gustarme mi trabajo y después de leer “La sonrisa de la institució” me dí cuenta que no quería formar parte de ese entramado institucional, simbólico y algunas veces maquiavélico.

La antropología me ayudó a observar con lupas antropológicas que pasaba en mi trabajo.

Empecé a interesarme en las estructuras del estado, como funcionaban, se jerarquizaban y como se mostraban de forma simbólica a la mirada pública, siendo un simbolismo en cierta forma ficticio o diferente de lo que ocurre dentro, porque hasta que no estas dentro de alguna institución, realmente no sabes lo que se cuece.

Por mis manos pasaba muchísima información que pensaba, “madre mía, si publicara esto algún día, me veo como Julian Assange, exilidado y perseguido por mostrar una realidad diferente a la que se muestra en el ámbito público-simbólico”.

Al ser funcionario no puedes mostrar ciertas realidades de lo que ocurre dentro y esto chocaba con el antropólogo principiante que llevaba dentro.

Supongo que cuando sea viejo, me importe todo una mierda y no puedan meterme en la cárcel contaré mis hazañas en el ámbito del funcionariado, jejeje, de momento shhh…

Digo de momento porque me despedí.

REINVENTARTE O MORIR, AL IGUAL QUE LA COVID QUE VA MUTANDO

El maldito coronavirus que está produciendo esta crisis sanitaria que afecta directamente a lo social y económico va mutando para sobrevivir en diferentes ambientes (huésped).

Si el bichito muta y se reinventa es para seguir vivo.

La reinvención creo que tendría ser una asignatura obligatoria en nuestros centros educativos.

Estamos condenados a trabajar en cosas que no nos gustan o si nos gustan condenados a hacerlas de por vida.

Cuando algún adolescente me dice que ya está harto de estudiar o que no sabe qué va a estudiar, primero le ánimo a que estudie antropología, (guiño), luego al ver la cara que se le queda cuando le explico en qué consiste, le digo que estudie lo que quiera y que le guste, pero sobre todo, que esté preparado a que nunca va a dejar de estudiar si no quiere condenarse de por vida.

Y esto es lo que me pasó a mí, aprobé una oposición que me pilló de lleno en la crisis del 2008, por lo tanto a mí no me afectó en lo económico,  me hice funcionario muy jovencito y pareciera que de por vida tenía que hacer ese trabajo.

Lo siguiente sería endeudarme en una casa, tener un coche, consumir mis días de vacaciones para irme de hoteles, crear una familia, todo resuelto, trabajo estable es igual a vida estable y seguir el patrón que en mi cultura es el mejor visto, valorado y el que me daba estatus.

¡A la mierda con todo eso! Me despedí, aunque más que un despido se trata de una excedencia.

Tenía que reinventarme y la antropología era un camino largo para poder sobrevivir en este mundo, por lo tanto había que reinventarse en algo que no fuera la antropología para dejar el funcionariado.

MI REINVENCIÓN

Tenía que elaborar un plan de reinvención y hacer aquello que me gustara.

Dejé de estudiar antropología hace tres años (creo recordar), la apalanqué porque me hubiera gustado reinventarme en un gran antropólogo, pero me di cuenta que mi estatus social, la clase de la que procedía, mi jerga lingüística, mis conocimientos y habilidades, no harían de mi un gran antropólogo y que me costaría un largo recorrido para poder comer de la antropología.

Por lo tanto la apalánquela antropología para elaborar un plan de reinvención, un plan de emprendimiento, en el que dejaba atrás cuatro años de antropología y mi trabajo de funcionario.

¡Welcome a la renvención!

Durante estos tres últimos años puedo decir que me he dedicado a algo que me apasiona, he sobrevivido en un mercado de consumo fácilmente en el que al reducir mi salario he reducido sí o sí mi consumo, me refiero a la famosa frase de gastas cuanto tienes, o algo así…

Antes no es que fuera un gran consumidor, pero al tener el trabajo fijo me daba algún capricho que otro, después de mi auto despido me volví estrictamente anti consumista, solo consumiría lo que realmente me hiciera falta y fuera necesario, aunque algunos caprichos me he ido dando, pero no como antes.

Joder, no sé porque te cuento mi vida…

El caso es que ahora con esta crisis sanitaria, estoy en ERTE, sin trabajo y me va a costar salir de esta situación, vienen tiempos de COVID, de crisis y de inestabilidad social, económica y cultural, es por eso que ahora más que nunca me encantaría ser antropólogo.

EL MUNDO NECESITA ANTROPÓLOGAS, ANTROPOLOGÍA Y CORONAVIRUS

Y para terminar este post de mi vida, (uno máa…) un poco extraño, decir que creo que el mundo va a necesitar más antropólogas que nunca.

Para las economía ya tenemos a los economistas que se encargan de predecid y estudiar como nos va a afectar todo esto de la COVID en lo económico.

Para la sanidad tenemos a los sanitarios que ya se encargan de cuidarnos y elaborar planes de contingencia de este dichoso bicho.

Para los problemas psicológicos ya tenemos a los psicólogos que se encargan de elaborar planes para actuar ante los síndromes de la cabaña y como nos afectará esto  a nuestras cabecitas.

Para hacer estudios de natalidad, mortandad, clases sociales etc, tenemos a los sociólogos,  que rápidamente sacan sus datos para ver de qué forma las campanas y estadísticas suben o bajan.

Para estudiar al bichito tenemos a biólogos, químicos, matemáticos, epidemiólogos que se centran en parar esta situación y elaborar la famosa vacuna.

Para ganar pasta ya tenemos a las farmacéuticas, políticos, OMS, y demás instituciones que alimentarán de miedo a la población mientras se llenan sus bolsillos.

Pero…

¿Qué pasa con las relaciones socio culturales que modificarán el modo de comportamiento, la manera de relacionarnos, los cambios en nuestros rituales sociales, la forma que nos afectará en todos los ámbitos, social, económico, cultural, simbólico, cognitivo y muchísimo más?

Para todas estas cuestiones, la antropología es perfecta, pero claro, los recursos para vivir de un proyecto que defina y estudie todos estos cambios socios culturales son escasos.

Es por eso que me encantaría ser antropólogo y en tiempos de coronavirus más aún, para ver el fenómeno y estudiar lo que se nos viene encima.

Lo mismo me planteo volver a estudiar para seguir el hilo antropológico de todos los cambios que están por venir, pero de momento tengo que buscar trabajo o volver a mi puesto de funcionario…

Pues ya está después de un año sin escribir te cuento mi vida…

Espero que estés muy bien y recibe un gran abrazo de mi parte.

¡Puedes seguirme en Facebook o Twitter!

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10 comentarios sobre “EL MUNDO NECESITA ANTROPÓLOGAS

  1. Nacho Contestar

    En tu blog coincidimos muchas personas con situaciones e historias diferentes pero todas con un gran amor por la antropología.
    No dejes de seguir tus sueños y de escribir en tu blog !

    Un saludo.

  2. Federico Silva Contestar

    Hola antropologos y antropólogas principiantes, tengo 37 años y estudio antropología en Uruguay. Me siento identificado con tú situación ya que me ha pasado algo similar en mi vida. Cuando culminé mis estudios secundarios ya tenía decidido que quería formarme como antropologo. Comencé en el 2011 y un año después abandoné la universidad por razones laborales, ya que había conseguido un mejor trabajo y consideré que debía formarme en algo más relacionado a este. La decisión fue principalmente económica, en ese entonces ya estaba casado, con dos hijos y siendo el único ingreso de dinero en la casa. La verdad es que me estaba yendo bien en antropología y me gustaba mucho porque me abría la cabeza para comprender toda una cosmovisión oculta tras una cortina de realidades que daba por sentado. Cuando cambié de facultad sabía que era solo una pausa en el camino, al cabo de varios años tropecé en mi nueva carrera y comprendí que hacer lo que a uno no le agrada a la larga termina motivando a uno hacía el auto boicot. Hoy puedo decir que hace dos años volví a estudiar antropología y me está yendo mucho mejor, en parte porque aprendí a descubrir lo que me apasiona gracias a ese distanciamiento.
    Por eso te digo estimado bloguero que vayas por ella y retomes tu pasión.
    Un abrazo virtual desde Montevideo Uruguay.
    FS

    • El Antropólogo Principiante Autor del artículoContestar

      Hola Federico, muchas gracias por contar tu experiencia y por los ánimos!! Un gran abrazo!!!

  3. Eva Trueba Contestar

    Muy buena tu lectura, sin duda la antropologia es parte fundamental , la antropología es como tú sistema inmunológico, forma parte de tu sistema, y resulta casi peligroso desafanaetede la antropología, te enamoras de la antropología, porque siempre está marcando tu vida cotidiana, y ahora hay antropología a la vuelta de la esquina, así que gracias porque sigues haciendo antropología.

    • El Antropólogo Principiante Autor del artículoContestar

      Hola Eva, justo estoy recién levantado con un café en mano respondiendo tu comentario y me ha emocionado, todas vuestras palabras me animan a retomar y continuar.

  4. Monika Contestar

    Me alegro de volverte a ver en activo. Opino que la Antropología ya te ha atrapado hace mucho tiempo y nunca más te dejará. Lo sabes. Haz lo que mejor te parezca, por supuesto cuanto con que ser un antropólogo no te lo da solo un título, por el que además hay que pagar, ¡viva el capitalismo! Como si no hubiéramos ya pagado suficiente en todos los años de carrera… Se es antropólogo de corazón y creo que tú lo eres, por como te entregaste al principio y por como te influyó en tu trabajo y a ver las cosas desde otra perspectiva. A veces los descansos son buenos (yo también estuve dos cursos sin estudiar por varios motivos) y a punto de rendirme. Pero pensé que quería acabar lo que había empezado. Con gran cabezonería aquí estoy.
    ¡Sigue adelante! Nos vemos en el camino…

    • El Antropólogo Principiante Autor del artículoContestar

      Gracias Monika, estoy dándole vueltas al retorno. No sé si volveré o no aún, pero como tu dices hay algo por dentro que remueve cositas. Supongo que en tiempos de cuarentena a uno le da por pensar, recordar y retomar proyectos, volver a ilusionarse y sí, a veces los parones son buenos y para mi, este respiro me ayuda a relativizar y ver una vuelta tal vez distinta al principio. Lo que si tengo siempre son muchas ideas. Un gran abrazo y me alegro saber de ti.

  5. Mar Contestar

    Hola. Me alegro de leerte de nuevo y me apetece contarte un poco de mi historia como estudiante de antropología. Cuando decidí empezar a estudiarla (a los 40 por cierto) trabajaba sin contrato fines de semana y festivos, haciendo más horas que una tonta para poder pagar el alquiler y la vida de una recién divorciada que se fue con dos hijos y una mano delante y otra detrás, como se suele decir. Por supuesto con tres asignaturas como mucho al año, pero ahí fui. Con el tiempo cambié de trabajo un par de veces y pasé por el paro casi un año, hasta que por fin conseguí la plaza de funcionaria que necesitaba para, por fin, dejar de preocuparme por si conservaba o no el trabajo y poder dedicarme más a estudiar. El año pasado también aparqué los estudios porque se me ocurrió la «maravillosa» idea de meterme en política (era de las de luchar contra el sistema desde dentro y tal) y además ganar. Tenía 4 años por delante en los que mis obligaciones me iban a impedir dedicarme a los estudios, así que me di un tiempo con los estudios. Mi aventura política ha durado un año, he renunciado, y entre la multitud de motivos se encuentra el que echo de menos estudiar, meterme en esos libros que explican porqué hacemos lo que hacemos los seres humanos en unos sitios sí y en otros no.
    Sigo de funcionaria (mi vida empieza cuando salgo por la puerta del trabajo, no cuando entro) y estoy deseando que llegue el momento de volver a matricularme. Como lo que me impulsa es simplemente aprender, probablemente no llegue a ser realmente antropologa nunca, pero me encanta saber, comprender… No sé si te servirá como buen motivo para retomar los estudios, para mí es uno de los mejores.
    Ánimo.
    Nos vemos en las Trovriand.

    • El Antropólogo Principiante Autor del artículoContestar

      Buenas Mar, gracias por compartir este comentario. A mi me pasó que empecé a estudiar antropología de casualidad, luego por curiosidad, después me fascinó, unos años más tarde pensé que sería un gran antropólogo, después me desmoroné y cada vez menos aguantaba la entrada al curro, que como dices y comparto mi vida nada tenía que ver del trabajo para afuera, pero es que al final en el trabajo pasas muchas horas y me afectaba de puertas afuera. Me siento muy identificado, porque pienso que aunque lo retome probablemente no llegue a ser un antropólogo nunca, es por eso que lo que me motiva al volver es seguir aprendiendo. Un gran abrazo.

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