El Kula Unediano

 

Hoy me ha dado por pensar, leyendo a la Feliu, con la asignatura de Antropología Económica. En las islas Trobirand, Malinowski describiendo la circulación de objetos entre los trobirandeses, el famoso llamado Kula, que lo veréis a lo largo del grado, describía el ritual de intercambio de objetos entre los isleños de isla en isla. Sin profundizar mucho en tema, había dos tipos de objetos que se intercambiaban, por un lado collares y por otro conchas. Se establecía un circuito de intercambio en el que no solo se intercambiaban los objetos por otros. El intercambio llevaba consigo, la celebración de fiestas en donde se intercambiaban bienes de consumo u otros bienes materiales.  Las conchas y collares, portaban la esencia de la persona que entregaba el objeto, así cada objeto tenía un valor espiritual.

Bien, ¿y porque no lo hacemos con los libros? Si, se me va la pinza, pero es que, me ha dado por pensar, tal vez,  entre los estudiantes de grado podríamos hacer un intercambio al estilo trobirandes. Es difícil pero no imposible. Por ejemplo, tendríamos que tener una buena base de datos para los intercambios. Os pongo un ejemplo de mi utópico Kula.

Yo por ejemplo tengo tres libros, decido entregarlos a alguna persona que le haga falta. Una Sevillana me pide un libro, un Asturiano me pide el otro, y una Madrileña me pide el que me queda. Yo gustosamente lo entrego, vía paquetería. A las personas que les entrego el libro, cuando pase un año, lo tendrán que entregar a otras personas que lo demanden.

Los libros, irían intercambiándose durante tres años por las personas que lo necesitaran, al cuarto año, el libro volvería a su origen, osea, a mí. En cada libro, las personas podrían escribir algunas anotaciones e ir impregnando el libro de un sentimiento filantrópico entre los estudiantes o escribir notas para ir acumulándolos en los libros. Cada libro llevaría una parte de cada persona que lo ha tenido.

Ya se que es una locura, pero imaginaros que lo haríamos. A mi me gustaría recibir un libro gratis, para usarlo durante un año y luego poder entregarlo a otra persona que lo necesite, y si luego el libro vuelve a mi, me haría ilusión, que volviese con la esencia impregnada de cada alumno que lo ha usado.

Con esto ahorraríamos dinero, ya que se supone que hay una gran cantidad de libros que compramos y que acumulamos en la estantería. Crearíamos un circuito de intercambio de bienes, tendríamos que ser responsables de devolver el libro pasado el año de uso. Nuestros libros dejarían de ser dinero muerto en la estantería.

En fin, voy a seguir soñando.

La antropología me vuelve chaveta, jejeje.

Si a alguno le parece buena idea que me lo haga saber, lo mismo hacemos algo al respecto.

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