¿(A)antropología(s) se escribe con mayúscula o en plural?

Daniel Daza Prado licenciado en Ciencias de la Educación nos envía un texto bastante bonito sobre la discusión antropológica, a que se dedica la antropología, así como la descentralización de la disciplina, con un toque relativista y repasando algunos conceptos del clasismo antropológico así como del moderno, es un repaso a la Antropología bastante interesante en el cual comparto muchos de los puntos tratados, una historia que comienza en la cotidianidad de una charla en un bar para terminar dando repaso a las «antropologias» presentes.

(El texto es dividido en cinco capítulos que por su extensión iremos publicando poco a poco, en cada publicación pondremos los enlaces referentes a los capítulos ya publicados para facilitar su lectura)

¿(A)antropología(s) se escribe con mayúscula o en plural? Daniel Daza[1]

San Telmo es un barrio de Buenos Aires en el que  todavía se pueden escuchar las voces de un pasado colonial jugando entre sus casas bajas, sus calles empedradas o los grandes patios llenos de plantas. De vez en cuando me gusta ir a caminar por sus veredas angostas y terminar en algún bar charlando con amigos. Generalmente me acompañan Julio y Lucía. Hablamos de “bueyes perdidos” y a veces intentamos arreglar el mundo atándolo a nuestras apasionadas discusiones. Julio es comunicador social, Lucía economista y yo me formé en Ciencias de la Educación, por lo que no es raro que nos interpelemos para conocer nuestras miradas sobre el popurrí temático que florece en nuestras conversaciones.

Una tarde, estábamos sentados tomando un café cuando Julio me preguntó: – Che, vos que ahora estás en el tema, qué opinás del programa ese “Perdidos en la tribu”,  ¿lo viste? A mi me gusta, porque se llevan a una familia de la ciudad a vivir a una tribu primitiva y tienen que lograr que los acepten como uno más de ellos. Obviamente les pagan buena plata si lo consiguen.

Mi cara de sorpresa debe haber sido evidente, porque sin darme tiempo a responder, Lucía le dijo en un tono de broma: – Pero no seas ignorante, no ves que lo de él ahora es mucho más amplio: un antropólogo estudia al  hombre, a lo humano, la alteridad, ¿no?, dijo mirándome para buscar aprobación.

Yo seguía sin decir nada, pensando en una respuesta lo suficientemente inteligente como para explicar mi actual proceso de formación doctoral en antropología y dejar contentos a mis amigos. Entonces Julio, insistió: – En Tecnópolis había un pabellón de Arqueología[2] y tenía un sector donde te explicaban que los antropólogos estudiaban a las culturas primitivas. Había unas vitrinas con vasijas, armas, telas y muñecos de cera de algunos indios con sus chozas.

Lucía me miró cómo exigiéndome que dijera algo, que pusiera una voz autorizada sobre la mesa. No recuerdo que les respondí en ese momento. Pero tengo muy presente que esa charla me dejó con muchas preguntas que bien podrían sintetizarse en las que se plantean para tratar en este trabajo: ¿para qué, para quién y cómo hacer antropología?

En un tímido intento por ensayar otro tipo de texto, voy a intentar continuar la charla de aquella mesa de bar, o por lo menos pensar algunas respuestas un poco más elaboradas, con la ayuda de las lecturas del seminario de “Antropología Contemporánea” que he venido realizando en este último tiempo.

 La antropología ahora puede hablar de la televisión y también de sí misma

Pensemos sobre la pregunta de mi amigo Julio y la afirmación de Lucía. Él buscaba algún comentario experto sobre el reality[3] y ella una respuesta que aprobara su definición de diccionario escolar de lo que es antropología. De alguna manera yo representaba a la antropología en esa mesa, y algo debía decir sobre los encuentros entre un “nosotros” con un “otro” diferente: la tribu, el programa de televisión o las familias participantes. Mis amigos no estaban muy equivocados al exigir una respuesta en este sentido pues según Grimson y compañía, la alteridad es lo constitutivo de esta disciplina o por lo menos ha sido un tema transversal a todas sus variantes a lo largo de la historia (Grimson, Merenson, Noel, 2011:1). En el caso del show televisivo que Julio traía a la mesa, hablábamos de un encuentro muy diferente al de los estudiados por la antropología clásica. Aquí hay una clara “producción de la realidad” y su registro audiovisual es transmitido en la moderna clave comunicacional comercial a millones de personas para que “viajen hasta allí sin moverse de sus cómodos hogares”. Sin embargo esto no es necesariamente percibido así por las audiencias, que tal vez solo se dejen llevar por un instante por esa magia de la televisión y crean que todo el show es “verdad”, que ven “la realidad”. Es decir el público es como un “actor-red[4]” en este escenario. Como lo son también los productores[5] del programa, las diferentes tribus y las familias que compiten.

La pregunta de mi amigo nos plantea la posibilidad de que este show televisivo pueda construirse como objeto de reflexión de la “Antropología Ahora” (Grimson, Merenson, Noel, 2011) y permitirnos comprender, tranquilizar, explicar, justificar, desnaturalizar o revolucionar nuestra forma de producirlo, actuarlo o verlo. Volviendo a la imagen del bar, me parece escuchar a Abu-Lughod, desde una mesa llena de libros, junto a la ventana, respondiendo afirmativamente e instando a realizar un trabajo etnográfico profundo[6] que indague sobre la “condición humana” a través de preguntas sobre el lugar de la televisión en la vida de personas como Julio, las tribus anfitrionas, las familias participantes y/o los productores del show (Abu-Ludhod, 2006:3).

¿Qué puede decir un antropólogo sobre la televisión?, podría preguntarnos nuevamente mi amigo Julio, como para que quede claro a que apunta. Y su interpelación nos lleva a poner sobre la mesa algunas respuestas del campo de la antropología de los medios, que apuntan a destacar una necesaria contextualización de la compleja producción, visionado y reproducción mediática realizada por las personas (Abu-Ludhod, 2006:5). Es decir estudiar no solo a quienes ven los programas, sino también a quienes los producen y a quienes los actúan o participan en ellos. La antropología posibilitaría realizar una descripción densa que preste atención a las estructuras de poder dentro de las cuales la televisión forma parte de la vida del público, actores y productores. Aquí me parece oír a Lila aclarando que “descripción densa” implica recordar a Geertz convocando a una descripción amplia, microscópicamente detallada de los acontecimientos. Para ella es este conocimiento particular y minucioso que posee el antropólogo el que le da un material concreto para alimentar su imaginación y pensar sobre (y con) los grandes conceptos de la ciencia social (Abu-Ludhod, 2006:6).

[1]              Daniel Daza, es estudiante de doctorado en Antropología Social y Cultural en el IDAES de la UNSAM (www.unsam.edu.ar) de Argentina,  dazadaniel@yahoo.com.ar. Estudia culturas digitales y fenómenos vinculados con la vida en internet. 
[2]              En el siguiente link se ofrece un informe televisivo sobre el pabellón de arqueología: http://www.youtube.com/watch?v=3Im8HcCFLjM Al ver los muñecos de cera de los pueblos que habitaron el suelo argentino, no puedo dejar de relacionar la exhibición con los antiguos zoológicos humanos que se realizaron en Europa. Tal vez sea porque los muñecos exhibidos pertenecen a pueblos que hoy existen con los mismos nombres.
[3]              “Un programa en el que tres familias españolas abandonarán su civilizada vida occidental para, sin saberlo, vivir en algunas de las tribus más antiguas del mundo. Allí deberán adaptarse a las primitivas formas de vida de sus anfitriones, desenvolverse en un entorno salvaje y convivir durante un tiempo con completos desconocido” Tomado de: http://es.wikipedia.org/wiki/Perdidos_en_la_tribu
[4]              Luego presentaré este concepto desarrollado por Bruno Latour que pone en juego la posibilidad de sacar al actor del lugar de blanco móvil de entidades que lo superan y reactivar su agencia pensando en lo impredecible de la acción y en el juego con otros. (Latour, Bruno. 2008:73)
[5]              Incluyo en esta categoría a los creativos, guionistas, asesores, editores y demás personas relacionadas con la producción del show.  Para Abu-Lughod es importante estudiar a estas personas que deliberadamente crean programas para otros que en general son de clases sociales diferentes a la de ellos mismos. En el caso del programa citado aquí, el programa parecería ser producido por personas de clase media para otras personas también de clase media. No obstante surge la pregunta sobre  las diferencias en la producción, actuación y recepción del programa en Europa y América Latina.
[6]              La autora explica que con el “giro etnográfico” que han tomado los estudios culturales en las décadas de los 70 y 80, han alcanzado una gran sofisticación teórica que contrasta con su pobreza etnográfica (Abu-Lughod, 2006:3)  

5 thoughts on “¿(A)antropología(s) se escribe con mayúscula o en plural?

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  2. Elisenda Contestar

    Muy interesante la discusión y resuena sobre el papel de la antropologia en la (de)construcción del otro como exòtico. Hace tiempo que el reality tuvo mucho éxito en España, y yo misma pensé que por una parte, era despertar el interés por la antropología (como las malas películas de Hollywood) y por otra, la actualización del “extraño” moderno, en el sentido de que revivifican de los arquetipos de la diferencia que justifica la desigualdad social que triunfaron en el discurso colonial y que la antropología lucho por desactivar.
    Ahi iban mis ideas sobre “el reality”
    https://eardevol.wordpress.com/2009/05/13/perdidos-en-la-tribu/
    Creo que este formato y sus secuelas merecería una tesis doctoral…

  3. Pingback: Una antropología descentrada multiplica las preguntas y se vuelve plural. Las antropologías en el mundo desafían todo tipo de fronteras. | El Antropólogo Principiante

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