TRABAJO DE CAMPO EN ANTROPOLOGÍA

Hoy vengo a contaros mi experiencia haciendo trabajo de campo en antropología. Mis perjuicios y malas prácticas de antropólogo principiante me han llevado a escribir en este artículo.

Ya sabemos que el trabajo de campo en antropología es una herramienta, una metodología de la antropología que la hace exclusiva de nuestra disciplina y de disciplinas comunes que de vez en cuando también se sirven del trabajo de campo.

En el trabajo de campo en antropología el investigador participa en la vida cotidiana de las personas que forman la cultura. Se observa, se registra, se anota, intentando llegar al punto de vista de las personas en la que ponemos el foco para trabajar la etnografía.

Una etnografía es un método de investigación que consiste en observar las prácticas culturales de los grupos sociales y poder participar en ellos para así poder contrastar lo que la gente dice y lo que hace.

Es aquí cuando entran en juego los puntos de vista de las personas, más conocido como el discurso emic, con el discurso etic, en el que la investigadora entrelaza y dibuja un recorrido holístico para abordar la hipótesis formulada o la descripción de los fenómenos que estudia.

Ningún trabajo de campo se aprende en ningún libro, ya que la experiencia se adquiere en el campo.

¿HAS TENIDO PERJUICIOS HACIENDO TRABAJO DE CAMPO EN ANTROPOLOGÍA?

Cuando nos adentramos en un campo determinado para hacer nuestra etnografía, entran en juego diversos factores que podríamos haber pensado de antemano como posibles constructos y fenómenos ya estudiados, o podemos encontrarnos con nuevas situaciones que nadie antes había observado y ni siquiera nos habíamos planteado.  

La antropología es una ciencia que se retroalimenta a ella misma. De hecho, cuando una antropóloga determina cual va a ser su objeto de estudio, procura hacer un trabajo de investigación previo en el que buscará fuentes e información sobre su objeto de estudio para cotejar lo que ya se ha estudiado en el caso de que existan obras de las que se pueda enriquecer el trabajo de campo.

La lectura antropológica hace que el antropólogo busque e indague sobre corrientes y discursos en los que cotejar, apoyar o criticar el artefacto creado por su experiencia en el campo, lo que llamamos etnografía sería el resultado de ese trabajo de campo.

Los perjuicios a la hora de hacer trabajo de campo tenemos que dejarlos en casa. Es como si el antropólogo tuviera que quitarse su propio vestido cultural para dejar a un lado cualquier vertiente etnocentrista que pudiera surgir en el campo.

A mí me pasó. Tan solo he realizado dos trabajos de campo, uno sobre el cruising, abordando la antropología del género y la sexualidad y otro trabajo que hice acercándome a la antropología del deporte, ambos trabajos de campo iban marcados por pautas universitarias.

En el que más ahondé fue en el estudio del cruising, una práctica conocida en la que hombres homosexuales mantienen relaciones sexuales en el espacio público.

¿LA LECTURA ANTROPOLOGÍCA ES NECESARIA ANTES DE ADENTRARTE EN EL TRABAJO DE CAMPO EN ANTROPOLOGÍA?

Antes de abordar y entrar en el campo hice un trabajo previo de investigación para ver que fuentes de información podrían ayudarme a enfrentar el trabajo de campo.

Por suerte hubo un antropólogo que hizo trabajo de campo en el mismo lugar en que yo quería trabajar la etnografía.

Por lo tanto, antes de adentrarme a observar que ocurría en el campo que había delimitado para enfocar mi trabajo de campo en antropología, hice ese trabajo previo de lectura.

En el libro de “EN TU ÁRBOL O EN EL MIO” escrito por el señor Langarita encontré bastante información al respecto,  hizo  un trabajo estupendo, al leer su libro  me planteé que bien podría haberlo leído y sacar conclusiones sin ir al campo.

Como la asignatura que tenía que aprobar te decía que era conveniente ir al campo, pues así hice. Con libreta en mano y boli cargado de tinta, sin gorro de explorador y con unas ganas inmensas de completar mi cuaderno de campo, me di de bruces por mi maldito etnocentrismo y perjuicios sobre el foco de estudio.  

Tras haber leído la obra de Langarita me di cuenta de que su propia visión había influido en la mía. Cuando miraba lo que ocurría en el campo veía a través de los ojos de Langarita. Sus palabras eran lo que acontecía y podía observar como lo que él había descrito ocurría con total exactitud, desde los rituales de paso, hasta los recorridos que hacían las personas por el campo y los lugares donde practicar sexo.

Mi sensación fue que no podía alargar la mirada más allá de los ojos de Langarita. Me sentía frustrado y con ganas de observar y encontrar otras relaciones, fenómenos, personas que transitaban por aquel  lugar, para poder dar otro aire, otro enfoque a lo que Langarita había escrito.

Al final, terminé por no describir lo que ocurría en aquel lugar porque Langarita lo hizo bastante bien y terminé por cuestionarme los planteamientos éticos de tener relaciones sexuales con los informantes y qué papel puede tener el  antropólogo como actor sexualizado. Puedes leer mis conclusiones en Academia.

Terminé un trabajo con unas conclusiones pocos etnográficas.

CONTEXTUALIZANDO MIS PERJUICIOS haciendo TRABAJO DE CAMPO.

Recuerdo que Langarita dedicaba un capítulo del libro a personas de origen marroquí y de cómo estas transitaban por el campo delimitado en donde la práctica del cruising era la relación socio-sexual que primaba en el lugar.

Un día estaba apoyado en un árbol observando lo que sucedía allí. No había muchas personas haciendo cruising y de buenas a primeras vi a un ciudadano con aspecto físico que me indicaba que pudiera ser marroquí, de unos 45 años de edad, con un joven que no superaría los 20 años de edad, del que también deducía que era de origen Marroquí.

El hombre da mayor edad iba haciendo un recorrido turístico por la zona donde se practicaba crusing. Desde la lejanía podía observar como el mayor iba explicando al menor como tenía que interactuar, que zonas eran las más ocultas para practicar sexo y como el menor iba de su mano haciendo un recorrido en donde el pupilo aprendía del maestro.

Como antropólogo principiante  que soy, observé aquella relación curiosa ante mis ojos en las que veía como un hombre mayor enseñaba a uno de menor edad, qué era lo que sucedía allí.

Mis perjuicios saltaron y mi observación tras mis perjuicios se nubló de un tinte que nada tenía que ver con la realidad.

¿CUÁLES FUERON MIS PERJUICIOS HACIENDO TRABAJO DE CAMPO?

Sin atender a la realidad, en mi cabeza empezó a dibujarse un discurso incorrecto, una imagen falsa cargada de un etnocentrismo irreal que se volvía real. 

Pensé que se trataba de una mafia de proxenetas marroquís que se dedicaban a explotar sexualmente a menores de edad, y por eso, el hombre mayor hacía de jefe con el menor, al cual estaba explicando como tenía que hacer bien el trabajo de la prostitución masculina. Mi imaginación me jugaba una mala visión. 

Pensé que tenía que hablar con el menor, preguntarle si estaba siendo prostituido y llevarlo a servicios sociales para que lo atendieran como es debido, en el caso de que fuera menor de edad realmente. Dejé aun lado mi faceta de “investigador” para lanzarme a una nueva faceta de soy un maldito occidental que en base a sus propios conceptos quiere salvar la vida de este menor de edad que está siendo prostituido.

Fíjate hasta dónde puede llegar la mente del investigador al observar a dos personas hablando.

Mis perjuicios basados en mi propia cultura surgieron de sopetón. Fue tanto que me creí mi propia versión de lo que acontecía que cuando se fue el hombre mayor decidí lanzarme a preguntarle al “joven marroquí” que se había quedado en el campo para ejercer la prostitución.

Y yo, un antropólogo salvador de aquella aberración sin cuestionarme ni siquiera mil otras preguntas que me podría haber hecho antes pensar en todos mis perjuicios. Y sin pensar siquiera del por qué la prostitución tendría que ser una aberración. 

¿CÓMO LIBRARSE DE LOS PERJUICIOS HACIENDO TRABAJO DE CAMPO?

Es tan fácil como no juzgar antes de preguntar.

Yo estaba haciendo en mi cabeza un enjuiciamiento de lo que estaba ocurriendo allí. Para romper mi enjuiciamiento lo que hice fue preguntarle al supuesto menor e iniciar una conversación con él, y ¡sorpresa!

Para empezar resulta que no era menor de edad, tenía 25 años. No era de origen marroquí sino de filipinas. El hombre con el que hablaba si era marroquí, pero no era su proxeneta, sino un hombre que amablemente le explicó cómo funcionaban los códigos de relación y de practica del crusising porque era la primera vez que acudía a aquel lugar.El filipino estaba agradecido al marroquí porque le enseño haciendo de guía turista una zona de cruising.

Ahora me río un poco de esta situación en la que mi razón no era la real y me sirvió para aprender que antes de hacer un enjuiciamiento siempre, siempre, la antropóloga tiene que hablar, entablar una relación de confianza con sus informantes o personas que viven sus propias realidades para luego jugar con esas realidades y las otras realidades que ve la antropóloga basadas en una metodología.

Es por eso que la antropología es una ciencia que divaga entre lo subjetivo y lo objetivo, entre lo que se percibe y lo oculto, entre lo que el investigador quiere tratar y lo que deja en el cajón del olvido por no ser relevante en su investigación.

Y es aquí donde cito y termino con Augé cuando dice que:

“La prueba del campo es la que permite al antropólogo no librarse a creaciones arbitrarias, no proyectar sobre una realidad social lo que él desearía ver en ella, no favorecer sus intereses subjetivos o de los informadores privilegiados”

Por lo tanto y siguiendo a Augé cuando dice que el antropólogo cuando hace trabajo de campo tiene que:

  1. Dejar libre curso a la fuerza organizadora de sus costumbres, que trivializa las impresiones procedentes del exterior encajándolas en el molde de las categorías ya constituidas de su propia herencia cultural.
  2. Definir su misión como una recolección de diferencias que transformaría toda información exterior a su grupo de origen como el signo de una extrañeza intrínseca.

Espero que te haya molado esta experiencia en el campo y que hayas aprendido algo si aún no has realizado tu primer trabajo de campo en antropolgía. 

Si vas a hacer trabajo de campo quítate el yugo etnocentrista. 

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