DE MI AÑO SABATICO ANTROPOLÓGICO

Los que ya llevan tiempo leyendo este blog, saben que me tomé un año sabático antropológico y  dejé de estudiar antropología allá por el 2016.

Decidí que no me matricularía en la universidad porque el curso 2015-2016 acabé bastante harto de estudiar y no porque no me gustara sino por el plan de estudio al que me tenía que acoger.

Son varios los artículos en los que he hablado del sistema de estudio que te ofrece una universidad como la Uned, que a algunas le va de maravilla y a otros no nos gusta tanto.

Si te interesa el tema de la Uned puedes mirar aquí

Tras llevar cuatro años estudiando antropología, tener medio grado universitario acabado y llevando el blog de El Antropólogo Principiante, mi agobio llegó con la disciplina.

Me entró una depresión no diagnosticada de caballo, decidí escribir lo que sentía y me despedí para darme un respiro “antropológico”.

Trabajar, estudiar, blog, trabajar, estudiar, blog, trabajar, estudiar y escribir en este blog fueron el resumen de cuatro años de mi vida.

Aprendí de teorías, de aproximación al trabajo de campo, me metí de lleno a estudiar el comportamiento de hombres que practican sexo en espacios urbanos y no urbanos con otros hombres en mi primera aproximación al trabajo de campo  y me dedicaba a contar mis experiencias en el campo y lo que se me iba pasando por la cabeza.

A la vez me metí de lleno en lo digital, aprendiendo a crear un blog y desarrollando eso a lo que llaman comunicación digital. Es más, me matriculé en un curso universitario de comunicación digital en el curso 2015-2016.

En mi respiro antropológico decidí que leería libros de antropología, pero libros que me gustaran más que algunos de los manuales que me entraban como materia de examen.

¿Leíste tu alguno? Porque yo no, lo más que llegué a leer fueron artículos de antropología del género que es lo que más me llama la atención.ç

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¿Voy a continuar con mi año sabático antropológico?

Una compi de la universidad me dijo

-Yo no me daría un respiro porque sé que como pare, lo voy a dejar.

Y ahora me acuerdo de esas palabras.

Mira que he criticado a la universidad mogollón de veces, pero nunca he dicho, (o al menos creo recordar) que no sea necesaria.

Mi pasión por la antropología no se ha desvanecido, es más, aún pienso seguir estudiando antropología pero todo a su debido momento.

Sé, o al menos tengo muy presente que no voy a ser un gran emérito universitario ni me van a dar el mejor premio al mejor antropólogo,  a veces pienso que llego tarde y que si pudiera volver a mis 18 años sin duda hubiera estudiado antropología.

Uno de mis objetivos cuando empecé a estudiar antropología era, ninguno.

Poco a poco me fue picando el gusanillo y empecé a imaginarme como un gran Marx o un Levi Strauss que reconocerían su trabajo teórico y publicaría miles de libros relacionados con la antropología.

Tuve que desistir de aquella ilusión porque me hice consciente de que al ritmo que iba estudiando antropología, trabajando y con las demás obligaciones del día a día tardaría ocho años en sacarme el grado universitario para luego no saber muy bien que hacer con él.

¿Para que machacarme durante ocho años y tener un papelito que me diga que soy antropólogo?

Tras hacerme esta pregunta decidí que no estudiaría durante un año antropología y así fue, durante el curso de 2016-2017 no me matriculé de ninguna asignatura. Estuve a punto de picar y de hacer una o dos, para no perder el hilo, pero como soy tan radical decidí que ninguna para dedicar tiempo a algo que resultase más provechoso para el mercado laboral.

La antropología me ha ayudado a tomar consciencia de lo que soy, de donde vengo  y del contexto que me rodea.

Yo lo llamo llevar las lupas antropológicas puestas día y noche, con lo que el conocimiento antropológico si lo aplicas en tu día a día, las veinticuatro horas, puede ser bastante perjudicial porque andas cuestionando todo lo que te rodea intentando buscar explicaciones que no llevan a ninguna parte y que lo único que hacen es odiar este mundo loco que te ha tocado vivir.

¡Bienvenido al mundo antropológico!

Al menos al mundo que me descubrió la antropología.

De Antropólogo Principiante en mis inicios en este blog pasé a ser un antropólogo nihilista en donde en cada punto en donde aplicaba mi mirada veía caos y poca solución. Por cierto hay un blog de un antropólogo nihilista. 

¿Para qué me ha servido el respiro antropológico que me tomé hace un año?

Me ha servido para desconectar de tanta teoría antropológica, porque de verdad, ya era un poco rarito antes de estudiar antropología, pero desde que comencé los estudios de antropología mi rareza fue en aumento, sobre todo cuando me encontraba en contextos sociales en donde analizaba cada gesto, cada palabra, cada mirada, cada símbolo y cada vez me iba quitando más etiquetas en las que una sociedad en la que vivo impone en base a tu clase, tu etnia, tu género o tu propia cultura.

“Des-culturizarte”, no sé si existe esta palabra, fue un proceso en el que renegaba de mis propios hechos sociales que vivía en mis propias carnes tal como había aprehendido en mi propia cultura.

Me hice consciente de que actuaba en la mayoría de los casos como se esperaban que actuara una persona normal y coherente, pero como ya he dicho antes, la coherencia tomó consciencia y esa consciencia desbordó mi mente tirándola por el precipicio de lo que se suponía que tenía que ser normal.

Por lo tanto la antropología me “des-culturalizó”, des-aprendiendo los procesos culturales en mi propia cultura y mirando a mi alrededor con cara de extraño. Es como cuando ves un cuadro que siempre ha estado ahí pero de buenas a primeras ves algo que no te gusta.

De toda esta reflexión escribí un artículo al que titule “Las identidades cibernéticas y un antropólogo desorientado”

El único libro que me leí sobre ciencias sociales en mi año sabático fue el de Zygmunt Bauman “Vida Líquida” un libro en el que encontré mucha coherencia sobre la sociedad en la que me ha tocado vivir y a la vez falta de perspectiva al atesorar el conocimiento como único y válido para la sociedad líquida siguiendo el propio hilo de liquidez en el que su propia obra cambia con el paso del tiempo así como su perspectiva queda relegada al pasado por que la inmediatez de los acontecimientos es lo que prima.

¿Me matriculo o no me matriculo este año o continuo con mi año sabático antropológico?

He aquí la cuestión.

Uno de los motivos por el que me despedí como autor de este blog al que luego retomé pasados unos meses fue por dejar de estudiar.

¿Qué iba a contar a cuando dejara de estudiar antropología?

Me sentía un poco infame a la hora de escribir en un blog de un antropólogo principiante que había dejado de estudiar antropología. ¿Qué clase de antropólogo soy? ¿En qué clase de antropólogo me voy a convertir? ¿Voy a ser antropólogo?

Si lo que me llevó a escribir este blog era mi pasión por seguir descubriendo la disciplina, ahora que me alejaba por un tiempo de la antropología ¿que iba a pasar con mi identidad de antropólogo principiante?

Decidí que no por no estudiar antropología podría dejar de ser antropólogo, una vez más me quité un etiqueta más, en este caso sobre la etiqueta de antropólogo académico con un título firmado por el rey.

Pienso que se puede ser antropólogo sin tener un título académico, y sé, que esto le duele a los oídos a muchos que ostentan el poder del conocimiento de la disciplina, pero es lo que hay.

Ahora empieza un curso nuevo, el curso de 2017-2018, podría matricularme de algunas asignaturas pero tengo otros quehaceres que me darán una salida profesional más inmediata que la antropología que sigue pavoneándose en las esferas del saber.

Y como he dicho antes, no creo que llegue a ser un gran académico ni un gran antropólogo conocido en el mundo mundial por su gran teoría, tampoco es mi objetivo, pero oye, si encuentro una fórmula perfecta para que la antropología sea conocida, no me importaría.

Ahora solo quiero hacer lo que me apetece, vivir el momento, el ahora, ese ahora al que Zygmunt Bauman lo describe bastante bien en el que “una vida líquida es una vida precaria y vivida en condiciones de incertidumbre constante”

UN ABRAZO AL LUMPENPROLETARIADO ESPIRITUAL

Según Bauman en “Vida Líquida” estoy afectado por el virus del lumpenproletariado espiritual en el que los que estamos infectados por el virus vivimos en el presente y por el presente en el que no dejo margen para preocuparme por ninguna otra cosa que por lo que pueda ser consumido y disfrutado en el acto, el aquí y el ahora.

Y es que hablar de Bauman y de sus obras daría para miles de artículos, pero en este caso me siento criticado por él mismo, por abrazar a una vida líquida en la que la rapidez es lo que prima y si no te subes al carro de la rapidez mueres, “modernizarse o morir”.

A la vez que leía a Bauman leía más libros de editorial consumista que me decían como tenía que vivir mis emociones, como vivir la vida y como conseguir aquello que quería, los famosos libros de ayuda espiritual, coaching o mindfulness me servirían para “Des-antropologizarme” de mi descubrimiento con mi amada antropología.

En los libros de antropología hallé la locura, el hastío y el desarrollo de una mirada que me hacía comportar extraño con los demás y en los libros de auto ayuda hallé una forma de despreocuparme del futuro y vivir el presente, un presente que no me ayudaba a continuar con la antropología ni con la vida que llevaba que había sido puesta en jaque mate por la antropología.

Me arrinconé en los libros de auto ayuda para equilibrar el desequilibrio que la antropología me había producido, pero en vez de encontrar ese equilibrio empecé a descubrir toda una serie de teorías del aquí y el ahora al que mucha gente en occidente se abrazan y que son promovidas por un mercado espiritual en el que ayudar a otras personas se convierte en un nuevo paradigma lleno de felicidad instantánea despreocupada del futuro y en el que el altruismo o el trueque no entra en esos planes de mercadeo en el que todo es consumible, incluso la espiritualidad.

Bauman me acompañó en todo este proceso de descubrimiento espiritual dando una ecuación de cambio y liquidez.

Ya no sé si seguir estudiando antropología, dedicar mi vida a Bauman o tal vez dedicarme a ayudar a otras personas cuando me haya sanado de mi propio mal que algún día me gustaría contaros cual es.

De momento espero que te haya gustado este artículo y que me dejes un comentario diciendo que te ha parecido, si piensas que se me ha ido la olla, perola, chola o como quieras llamarlo.

8 thoughts on “DE MI AÑO SABATICO ANTROPOLÓGICO

  1. Victor Contestar

    Hola a todas,
    Siempre me entristece cuando un compañero/a deja la carrera (no quiere decir que lo hayas hecho), porque me lleva a cuestionarme por qué sigo en ello. Cada fin de semana en la biblioteca de la uned, cuando estoy de exámenes, me pregunto qué estoy haciendo, para qué y por qué.

    Nunca voy a trabajar laboralmente de antropólogo. Ya cambié una vez de profesión y veo difícil que a mis 50 tacos vaya a cambiar otra vez. Pero hay algo en esto de estudiar antropología que me está enganchando (solo es mi segundo año). Poco a poco.

    Cuando veo sistemas educativos de otros países, veo que hay muchas personas que primero se forman con carreras como filosofía o lo que sea y luego ya hacen un desarrollo profesional diferente. Porque para ellos lo importante es educarse, aprender, ser persona, y luego ser profesional.

    Eso está siendo para mi antropología, no pienso en lo laboral. Yo ya hice una carrera en esta línea a mis 18 años. Pero esta etapa me está ayudando a volver a leer, a volver a analizar, a comprender muchas cosas…. y sobre todo a volver a ser crítico. Me había olvidado de lo que era eso, y nunca pensé que una carrera me ayudaría a ello.

    Y eso que yo no creo en la Ciencia Social, es decir, que para mi son muchas teorías supuestamente científicas pero luego sesgadas, etnocéntricas, parciales… nada científicas en el fondo. Pero a pesar de eso es admirable el interés por el conocimiento de muchos de esos antropólogos (a los que hay que entender en su contexto) del pasado y de ahora. Y, sobre todo, la mirada. El saber que se pueden ver las cosas desde otro prisma, con otros ojos que no son los tuyos. Esto es lo más grande de la antropología.
    Y estoy de acuerdo con el tema de los planes de estudios, tochos aburridos… pero hasta ahora no encontré mejor manera de hacerlo. Cada vez que he dicho “esto mejor por mi cuenta” pasa el tiempo y ahí queda en el olvido. La labor de la uned, a pesar de algunos de sus profesores, es para mi fundamental para seguir (creo que no podría en ninguna otra sacármelo). Mi rutina, el ver cada año con ilusión como me enfrento a nuevas asignaturas, ver como algunas que me parecieron un tostón al empezar me han flipado después…

    Por eso sigo y, porque en el fondo estoy deseando que lleguen esos fines de semana en la Biblioteca de la uned. Porque aunque hay muchas cosas en la vida, esto de leer, conocer, saber sobre los demás y uno mismo, analizar… pues eso, que me ayuda a seguir viviendo y a ser más feliz. Y en los momentos duros, me apego a esto, y me sirve para abstraerme, me sirve de refugio.

    Es verdad que hay momentos muy difíciles, pero también que las recompensas son grandes, al menos para mi. Mucho ánimo a todas en este desierto que a veces es el aprendizaje en la Uned, pero un poco menos con gente como vosotros y con webs como la tuya. Espero seguir leyéndote.

    • El Antropólogo Principiante Autor del artículoContestar

      Gracias Victor por este pedazo de comentario, me resulta muy emotivo leer tus palabras y a la vez me he sentido identificado con algunas cosas que dices.

  2. Cecilia O.Fernandes Contestar

    Hace unos años, en algún momento eché un vistazo a tú blog porque me había planteado estudiar antropología por la Uned, llegué a la conclusión que no era el momento adecuado en mi vida para hacerlo porque no estaba preparada para tanto cambio psicólogo y cambio social (me refiero a la mirada antropológica) decidí dedicarme al aquí y el ahora. Ahora con casi 45 me estoy planteando estudiar algo más social y seguiré aplazando la antropología para mi retiro particular cuando realmente pueda disfrutar de lecturas densas y manuales insufribles ?
    Mucha suerte en tú nuevo camino.

    • El Antropólogo Principiante Autor del artículoContestar

      Gracias Cecilia, después del parón de estudios de este año, me planteo si tengo que seguir o no, y de momento es un NO. Me da rabia por una parte y por otra me calma por poder disfrutar el tiempo en otros quehaceres para ganarme la vida, porque sí, no soy rico y procedo de la “clase obrera” con lo cual me hace falta currar para ganarme el pan y la antropología lo que en principio era un gusto se fue convirtiendo en manuales insufribles, estres, y falta de tiempo por estar currando y estudiando a la vez, entonces llega la pregunta de si es necesario pasar por eso para luego no ver salida al final del túnel, porque digamos que la antropología le queda por ubicarse en el “mercado laboral”.

  3. Mar Contestar

    Empecé a estudiar Antropología porque fue un flechazo. Siempre he tenido la espinita clavada de no haber estudiado una carrera y a los cuarenta decidí que había llegado el momento. En el curso de acceso me tropecé von la antropología y simplemente me enamoré, es asignatura optativa que cogí porque casi no había oido hablar de ella cambió mi vida.
    Llevo ya cuatro años (voy muy despacio) y sí, me he vuelto anti todo, llevo continuamente las gafas de antropóloga puestas y no puedo evitar analizar el mundo que me rodea. Pero al contrario que a ti, a mi sí me esta sirviendo (por ahora, claro), ahora entiendo por que en mi pueblo, pese a que la mayoria se considera no creyente o no practicante, nadie se pierde una procesión. Por qué cuando alguien muere todo el mundo acompaña el féretro al cementerio andando, por qué los bares (solo hay dos) son el centro social y todo (negocios, busqueda de trabajo, de casa, enterarte de novedades…) pasa por sus mesas. La antropología me ha ayudado a entenderlo y lo mas importante, a no enfadarme por las incoherencias que veo constantemente a mi alrededor. Sí, es un enfoque micro pero me ayuda a ir entendiendo enfoques a mayor escala. Por ahora no busco soluciones, solo entender.
    Lo que empezó como búsqueda de un título se ha convertido en busqueda de conocimiento. No sé si acabaré la carrera, pero ya no me importa, me he reconciliado conmigo misma y me gusta la idea, y en cualquier caso ya sé que siempre seré antropóloga. Es un veneno para el que no hay antídoto.
    Suerte en tu búsqueda, pero sobre todo en tu disfrute del camino.

    • El Antropólogo Principiante Autor del artículoContestar

      Gracias Mar, las primeras palabras del comentario me suenan, jejeje.

      Y sí, comparto contigo que la antropología te ayuda a entender lo micro y también lo macro de lo que nos rodea, pero me quedo con lo micro porque pasan cosas estupendas.

      Ahora llevo un año sin apenas coger un libro de antropología, de desconexión y la verdad es que aunque he desconectado bastante, no me he quitado las lupas antropológicas del todo.

  4. Alicia Contestar

    Empecé a leer tu blog cuando todavía no te habías tomado el año sabático. Todo lo aquí vertido me ayudó mucho a la hora de lanzarme a estudiar Antropología en la UNED. Siento decirte que desde la ignorancia me pareció una mala decisión que hicieras un parón porque desde mi punto de vista por aquel entonces en el que no había empezado a estudiar, creía que era un error porque tenías mucho potencial (y también desde el egoísmo, porque no me ibas a hablar sobre otras asignaturas). Hoy ya no puedo juzgar tu decisión, pero estoy de acuerdo en que estudiar Antropología cambia tu forma de ser y ver al mundo, lo que termina siendo muy agotador. Mucho más que leer (y entender) algún manual infumable. El papel se termina colgando en una pared y se olvida, no debería ser el fin de un camino tan largo y complejo.

    • El Antropólogo Principiante Autor del artículoContestar

      Muchas gracias Alicia, como dices, este blog lo empecé a escribir para ayudar a otras personas que quisieran estudiar antropología en la Uned, de ahí derivó a mis planteamientos sobre la antropología, sí podré dedicarme a esto que tanto amo pero que por otra parte me desanima a veces.

      Ahora pienso que si quiero llegar a ser un buen antropólogo obviamente hay que dedicar tiempo a la lectura, al estudio, a lo que otros/as antropólogas hacen, al trabajo en equipo, etc…

      Con un nudo en la garganta he de seguir con el parón porque nuevos paradigmas y planes se adentran en mi cabeza con muchas ideas y ganas de hacer cosas nuevas no relacionadas con la antropología.

      Y aunque me desligue un poco de la disciplina, si que es verdad, que cada día que pasa, pienso en que podría aportar como antropólogo al mundo, al micro-mundo o en mi vida personal.

      Nuevos caminos se abren en la antropología como los planteados por “Antropología 2.0” o “Hipopotesis” que van aportando ideas y abriendo camino hacia una antropología del emprendimiento y de las TIC, os recomiendo que miréis los que están haciendo.

      http://antropologia2-0.com/es/
      http://hipopotesis.com/

      Un abrazo

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