Un día, allá por el año 2010, me encontré por primera vez con la antropología.

Una profesora, dos alumnos y toda una ciencia que se abría ante mis ojos.

Por aquel entonces no conocía nada de la antropología, estaba cursando el acceso a la Universidad  y me matriculé de esta asignatura porque me pareció la más fácil de entre todas las que tenía.

El primer libro que me leí de antropología se titulaba “Lecturas de Antropología Social y Cultural. La cultura y las culturas” de Honorio Velasco.

En el 2011 me olvidé de la antropología, iba leyendo de vez en cuando algún artículo que otro, pero como podrás imaginar no me enteraba de mucho.

Aquel primer acercamiento con la antropología hizo que casi dos años después, en el 2012 decidiera empezar el grado universitario de Antropología Social y Cultural en la Uned.

Me gustó tanto aquel primer libro de antropología, que el gusanillo empezó a picarme por conocer más.

La gran participe para que me decidiera por la antropología fue mi profesora.

Por aquel entonces estaba haciendo un trabajo de campo sobre el orgullo gay.

Tratar el orgullo gay desde la perspectiva de la antropología hizo que descubriera todo un mundo relacionado relacionado con el orgullo y sobre cómo la antropología podía ofrecer un discurso interesante y diferente en torno al tema que se trataba.

Leer textos de antropología sin conocer el lenguaje antropológico es un tanto masoquista porque no te enteras de nada de lo que dicen los antropólogos, pero cuanto más lees más entiendes el lenguaje antropológico.

En el 2012 decidí que tenía que ser capaz de entender a las antropólogas que escribían textos que me parecían muy interesantes pero que no entendía.

Empecé a estudiar el grado universitario de Antropología Social y Cultural. En este primer me matriculé de pocas asignaturas. Estudiar teniendo que trabajar y hacer las cosas que haces en tu vida cotidiana se hace un poco duro y más si nunca antes habías pensado que eras capaz de estudiar en la universidad ya que nunca cursé estudios universitarios.

Cada vez que me enfrentaba a una asignatura de antropología era un mundo nuevo para mi.

Me fascinaba lo que leía, lo que iba descubriendo. Algunos temas eran engorrosos y yo intentaba disfrutarlos y sacarles el jugo de aprendizaje que te ofrece un libro.

En agosto de 2014 tras haber experimentado dos años de estudio en la Uned, decidí que quería contar lo que se me pasaba por la cabeza, tanto de la antropología y de mi experiencia como estudiante en la Uned.

Empecé escribiendo en este blog artículos para ayudar a estudiantes de la Uned que no saben si esta universidad es adecuada para lo que quieren. Estudiar a distancia ofrece sus ventajas y también sus desventajas así que me puse en tecla en mano a escribir lo que se me pasaba por la cabeza.

El blog me ofreció un espacio en donde puse en practicar aquello que más me gusta, escribir y compartir lo que escribía en un entorno que no conoce de fronteras, internet.

Poco a poco el blog fue haciéndose conocido por los contenidos que iba escribiendo.

El 2014 fue el inicio del blog y en el 2015 fue tanta mi actividad bloguera que el blog logró un alcance que nunca hubiera imaginado.

Gracias al blog fui aprendiendo muchísimo sobre el entorno digital.

Era un negado a lo digital, siempre he pensado que en esta era de la información corremos el peligro de perder ese contacto real para dar paso a un contacto virtual  e individual.

Aún lo sigo pensando y de hecho estoy escribiendo sobre los entornos digitales.

Mientras estudiaba en la universidad iba compartiendo mis ideas sobre lo que me salía de la cabeza, algunas eran muy bien acogidas por la comunidad que se creó con el blog y otras eran de lo más criticadas.

La crítica siempre me ha ayudado a ver de diferentes perspectivas lo que he ido escribiendo y me alegra que algunos textos que he escrito hayan sido tan criticados.

En el 2016 empezó mi crisis antropológica tras cuatro años estudiando antropología y dos escribiendo en el blog.

Había pasado tanto tiempo entorno al blog que las horas pasaban y pasaban en lo digital. Me dedicaba a estudiar y a escribir en el blog.

Tanta antropología ya no era buena para mi mente.

Estar pegado a la pantalla no era mi gran pasión, pero poco a poco, me fui enganchando cada vez más al blogging, a las redes sociales y a estar presente en entornos digitales.

Me matriculé en un curso de comunicación digital para seguir aprendiendo sobre las diferentes herramientas de comunicación que existen hoy en día, te puedo asegurar que son tantas que sería imposible aprenderlas todas.

Compaginé los estudios de antropología y comunicación digital.

Me matriculé en un curso  de comunicación digital, aprendí el funcionamiento de unas 15 redes sociales, a monitorear los datos que estas ofrecen, a hacer análisis de visibilidad, de presencia online, de webs o entidades digitales.

Aprendí el funcionamiento de las diferentes plataformas en redes sociales en las que se crean comunidades en la que las personas se comportan de diferente forma, ya que no en todas se comparte la misma información.

Aprendí cómo funciona google, que es lo que hacen sus robots para testear las webs y cómo google maneja a su antojo y beneficio sus algoritmos a merced de una economía digital voraz que no entiende de fronteras.

Fue un curso bastante interesante…

Los demás alumnos que lo cursaron lo hacían para entrar en un mercado digital y poder ofrecer servicios relacionados con la comunicación digital.

Yo lo hice por amor al arte, por ampliar mis conocimientos, lo malo, o lo bueno, según se mire, es que la mirada antropológica no me abandonaba por mucho que yo quisiera.

Aprendí mucho del curso pero a la vez observaba cómo se comportaba la gente en diferentes entornos digitales, observé como en redes sociales se aplican estrategias para guiar al usuario, como cuando entras a una web esta te marca un camino para que navegues en ella.

Aprendí las estrategias del marketing digital que aplican para que al final las personas acaben haciendo una acción, ya sea en un blog, en una red social o que acabes incluyendo objetos en la cesta de la compra virtual.

Cuando terminé el curso de antropología en el 2016 aún me quedaban dos años más por cursar. En cuatro años me había sacado la mitad del grado y aún me quedaba la otra mitad.

Distanciamiento de la Antropología

Mi reflexión crítica hacia el modelo educativo implantado en la Uned y empezar a leer libros sobre un cambio de paradigma que se está produciendo por la irrupción tecnológica que nos asola en la que la educación se queda obsoleta por enseñar con métodos anticuados y basados en una educación surgida en la era Industrial, hizo que me despegara de los estudios de antropología y me centrara en la comunicación digital. 

En Julio de 2016 decidí que no me matricularía más en Antropología y no porque no me gustase sino porque estaba aprendiendo muy poco por culpa de que tenía que estudiar tochos de libros que en un principio me parecían espectaculares, pero que en los que poco a poco los fui tomando como un “me lo tengo que aprender, no me queda otra”.

El agobio llegó.

Pensar que un título me llevaría a otro y ver como antropólogos salen de las universidades en las que estas no hacen más que ampliar la oferta educativa con estudios de posgrado en la que estudiantes no paran de formarse para luego no poner en práctica lo que ha aprendido, hizo que me replanteara el por qué quería seguir con la antropología, si por amor al arte o por encontrar un curro de antropólogo. Descubrí a Zygmunt Bauman y la sociedad líquida me impactó.

Es desolador estar empleando mucho tiempo en aprobar asignaturas para luego tener un título que se quedará en papel mojado y que seguramente cuando lo termine no valdrá nada porque hay un máster que es mucho mejor.

Y así, la ruleta sigue y sigue.

A día de hoy no estudio antropología por aprobar exámenes, sino que de vez en cuando voy leyendo libros que me gusten. Voy aprendiendo día a día sin la necesidad de un plan de estudios para que me den el papelito y decir que soy antropólogo.

Mi nombre es Juan y en el 2017 he decidido seguir con la actividad bloguera pero con otro enfoque, sin agobios de tener que publicar, sin agobios de exámenes, sin agobio de tener que aprender a toda vela para poder seguir el camino que me he marcado que aún no sé ni cual es y no sé donde iré a parar, pero bueno, aquí sigo, escribiendo lo que me sale de la cabeza.

A día de hoy no me gusta mostrar mi vida en la red. Soy un celoso de mi privacidad. A través de contenidos visuales me he creado un avatar para ver si puedo algún día superar una crisis cibernética en la que una vez más la crítica antropológica nace de mi cabeza. No me gustan las etiquetas pero entiendo que la Antropología necesite de ellas para clasificar eso que llamamos cultura.

principiante

15 thoughts on “El contacto con la antropología

  1. Eso de estar en clase y no enterarte de nada me suena un poco. Bastante. Estudié filosofía. Me parece que en estas disciplinas y en muchas otras no se distingue lo suficiente entre lo que es complicado de por sí y no puede simplificarse de lo que se podría decir más claro. En fin, ánimo con esa carrera tan interesante.

    Y gracias por seguir el Ritual, por aquí se dejará caer de vez en cuando un filósofo renegado atento a la antropología. Un saludo.

  2. Yo he comenzado este curso a estudiar Antropología, y creo que me ha pasado un poco como a ti, pero al revés; me explico: a mi el desconocimiento del por qué de ciertos rituales y actos sociales me desorientaba, me desconcertaba y hacía que no entendiese prácticamente nada del comportamiento humano. Me hacía infeliz. El empezar a descubrir el significado de los actos sociales me tranquiliza. ¿y sabes que es lo que mas me fascina? que el ser humano es un ser social y cultural, no puede vivir separado de ello, pero también que el único que tiene el poder de cambiar la cultura en la que está sumergido es él mismo, que la cultura no es inamovible y que pequeños actos pueden acabar logrando grandes cambios.
    Realmente me he enamorado de la Antropología y creo que es un Amor Verdadero como pocos.
    Un gran abrazo, Antropólogo Principiante de parte de una Antropóloga preandante..

  3. Saludos de un futuro ambientólogo unediano. 🙂 La antropología siempre me llamó la atención y andaba dándole vueltas a estudiar la carrera por la UNED cuando acabe (o de forma simultánea, aunque nunca hay tiempo) Ambientales.

    Siempre me gustó la biología y tenía en mente para después los que antaño eran 2 años de especialización en antropología; terminé estudiando algo muy distinto para ganarme la vida y bueno, hace un tiempo comencé con Ambientales, que me está encantando. También te da herramientas para comprender este mundo en el que vivimos de una forma bastante eficaz.

    En fin, me ha encantado descubrir este blog y que siga vivo (mucho más que los míos, que me gustaría revitalizar también).

    Te sigo leyendo, pues.

    Saludos,

    Trotalomas

  4. Hola Juan
    Descubrí tu blog cuando empecé con la uned y me fue bastante útil.
    Está claro que pasar por el aro de las instituciones es jodido y muy oscuro es el panorama más alla. Sin proponerme profundizar mucho ahora, yo continúo con la conciencia de que lo que aprendo es valioso en sí mismo y que ya encontraré la forma de aplicarlo. El título podrá ser útil para presentarme pero no espero que cobre vida propia y me proporcione un empleo.
    Me gusta mucho la estética que le has dado y el concepto antiagobio. Encuentro una lástima que no puedas dar una visión interna del grado. ¡pero si quieres puedo echar una mano con eso! y seremos colaboradores.
    Ya me dices 🙂

    1. Muy buenas Delfín, muchas gracias por el comentario, y lo de dar una visión interna del grado no estaría de más, si quieres colaborar para aportar tu granito de arena en este blog estoy abierto a propuestas.

      Un saludo, cuak

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